
Entonces llegaron los úrsidos rampantes y evitaron que nos transformáramos en un canto de Calímaco.
Cheque la versión online de Día Siete, número 450, de aniversario, sección Hasta Atrás y pregúnteme cómo.
De click AQUÍ y llévese la bonita versión PDF de "Instrucciones para sobrevivir al ataque de un oso grizzly" en lugar de andar leyendo liliputienses letras blancas sobre fondo negro. No olvide volver por aquí y desparramar su bilis en el blog de este apocado escritor que disfruta de los vituperios como de la dominación.
La intención original de esta entrada era poner al día a los contados inspectores del terreno baldío conocido como G.I.
No hay nada nuevo que contar, excepto que he decidido desprenderme de uno de los dos males que me tienen al filo del derrumbe: el nacionalismo por encima de la mediocridad. Planeando ligero, como un caddy deforme sobre una pista de lava. ¿Para qué describir al caballo? Mi porvenir no es halagüeño. Pero qué más da. Leyendo los diarios de Max Aub descubro a un hombre tan resignado como yo, tan temeroso de colocar la siguiente letra, preguntándose si de algo vale llenar con tinta las diminutas vetas que nos representan. Tres días después cree firmemente en la trascendencia y calcula su obra en los centímetros que ocuparía en cualquier biblioteca. Cuatro días después alguien le llama poeta menor. La grandeza del hombre es su impotencia.
