Wednesday, September 09, 2009

Dios atiende una cerrajería abierta 24 horas


a contraluz
con un soplo radiante por cabeza
asomada desde una grieta del acantilado
me miras dar vueltas
confundido
y dejas caer el anzuelo
con la candidez de un marine
que espera cazar un bombardero
o un país entero
a golpes de simulador,
desde abajo
miro la llave atada a un hilo
trazar espirales
en la memoria de esta noche
tan hueca
iluminada por tu frente
o por la lámpara neón del 401
y grito
te juro a berridos que es la última vez
pero a ti te da igual
porque no puedes distinguirme
entre la mugre y los ladridos,
porque ese diablo anestesiado
en esplendor geodésico
y con los botones extraviados
es la desilusión que aún
recuerda el camino a casa.
no, lo que te preocupa es haber despertado a los vecinos
y saber que estas manos
no serán más
responsables de tu tristeza

3 comments:

costa sin mar said...

me gustó la foto y el texto

JJJ said...

¡queremos poemario ya!

Rogelio Pineda Rojas said...

El título me recuerda a La Llave, un cuento de Bashevis Singer, en el que una anciana judía pierde la llave que abre su departamento. Temerosa a sus vecinos y al portero del edificio (de los que especula que son una bola de infames), evita pedir auxilio y pasa la noche fuera de casa, sobre las escaleras de una iglesia, sufriendo los dolores de su cuerpo añejo. A la mañana siguiente, regresa al edificio, en el que el portero la saluda amablemente, incluso la reprende por no solicitar ayuda, y le abre la puerta del departamento. Una de las vecinas ha guardado los víveres que la anciana cargaba cuando se dio cuenta que había perdido la llave, para evitar que se descompusieran. Nos damos cuenta, a través de esta moraleja, que la gente no es tan mala como parece. O que no todo es lo que parece. En fin: está chidito el poema.