Wednesday, April 01, 2009
III
El hombre calvo y sosegado pasa todo el tiempo buscando significados. Más que un pasatiempo es una encomienda .Se hartó de los significantes hace tiempo. El hombre calvo y sosegado busca los significados enterrados bajo la hierba de su jardín, en la letra S de una enciclopedia online, tras los ángulos agudos de ciertas clavículas y en ocasiones recurre a la masturbación. Su búsqueda obsesiva no contempla la posibilidad de que si no tuviera tierra en las uñas, pasara menos tiempo en Internet, olvidara la geometría y dosificara el porno, probablemente dejaría de preocuparse por nimiedades.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

8 comments:
Mucha literatura. ¿Quién te echó a perder?
Ya maduraste, o como me diria mi padre algun dia el hambre te hara madurar.
o muy probablemente la primer cana púbica lo obliga a dosificar…
cálmate Julio Torri
aca está el link.
Cómo sobrevivir al ataque de un grizzly.
Yo no sé escribir. Yo no publico letras en las revistas. Yo no tengo editorial que me constituya. Yo no tengo libros, columnas o –si así quieres verlo– simpatía pública. Yo no hago comentarios críticos de documentales y mucho menos me dejan hasta el final de las bibliografías de los libros de la SEP. No, no tengo empresa, no tengo ensayos, no me interesa vender frases, estilos, pulir la técnica o vivir el momento para poder escribirlo, no me hace falta experiencia y peor aún no la necesito porque dentro de todo, no quiero ser escritor. No me desvela el sinónimo de alguna palabrilla nimia, no despierto exaltado creyendo encontrar el sinónimo que encaje, que no lastime, ni sublime el párrafo entero. No describo lo que vivo, en el transporte, en el sexo, en la avenida, en mi casa, con la puta de mi prima, nada de eso me importa. En todo caso, nunca he viajado al extranjero a conocer técnicas españolas, argentinas o colombianas para consagrarme como una letra propia, ni siquiera les importo. No anhelo el domingo para que mi texto se publique en la parte más intrascendente del periódico. Me laceran cuando entre la charla, alguien de la mesa me dice “¿Y tú, a qué te dedicas?”, como si fuera una receta de presentación, como si fuera un cigarrillo entre comida. Yo sólo me limito a responder “Estudio Derecho para no ser escritor”, ríen, ríen pensando en el chiste; ríen más cuando digo luego que no es un chiste. No me importa tener veintiún años y calvicie prematura, canas en el lóbulo derecho, arribita de la oreja, y ocurre que en su tiempo tampoco me importó comenzar a fumar y que hasta ahora, su veneno lastime las patas de gallo que debo mostrarle a mi novia cada que río. Amo la cafeína, más que a las letras, una copula con otra constantemente. Tuvo a bien decir que los osos grizzly pueden ser esquivados por su pericia de sobrevivencia que se va alimentando día con día en el televisor, pero no los conozco.
De este lado, el lado donde nací, no hay fresas ni hay temporadas; todo comienza con un cinco de la mañana patético, como si el cinco fuese el encanto. Ya entradas las siete, parece aliviarnos los gestos, moliendo lagañas en los párpados y sacudiéndose la ropa sucia viajamos a la capital. Les pegó a tres tortugas en su joroba para que me escuchen; y no, no es ficción, son aquellas tortugas piloteadas por un bigotón de corbata y camisa blanca, que en el buen lenguaje les llaman “operadores de transporte público”. Son los galápagos que abordo para ir a la universidad. Y creerme señor, acá, de este lado, el lado donde nací, nunca he visto un oso grizzly.
Llevar pizza los sábados por la tarde son historias que no merecen ser contadas, como la lámpara que compró mi abuela a una gitana en Catemaco. No tiene alimento para un buen lector, menos para aquéllos que leemos dos revistas por año, pero se sigue consagrando el artículo 7 y anhelamos, tanto como tú, permanezca vigente. Y qué decir del nuevo rating.
No estamos hechos de lo mismo, pero profanamos el lujo de Dios para que así sea. Sucedió que de pequeño, lo más pronto a ver fue un macaco, de ésos que tienen los glúteos enormes y caminan apoyándose en sus meniscos, y entonces pensé que Dios, tan caprichoso como es, hizo que todos en esta tierra estuviéramos hechos de lo mismo. Mi madre saltó tremenda carcajada que si le cuento de nuevo, se reserva la pulcritud que lleva.
Elegiría observar recetas de supervivencia en una ciudad, en el metro hora pico, en el periférico lunes siete de la mañana, o nomás por no dejar, cómo ahogar el calor en tu oficina sin encender el aire que quema las gargantas; y si el tiempo sobra, cómo hacer los nudos perfectos de las corbatas en el primer intento, sin quedar éstas largas ni cortas. La fe que llevo es tan grande, que algún día alguien, nos lo dirá.
Y si en el bajo fondo tuvieres razón sobre la absurda idea de reencarnan en un invertebrado, preferiría sea en el caracol que subió esta mañana a las llantas del auto y se aplastó, porque de alguna manera remendaría la vulgaridad de Dios mediador. Es el caracol más grande que he visto, el más grande y el más torpe.
hey!
llegaste al pecado de noé?
abrazo
Hola!!!
Te escribo porque trabajo en un centro cultural llamado Casa Refugio Citlaltépetl, que se encuentra en la Condechi, organizando la parte cultural y editando lo poco que publicamos, entre eso una revista literaria llamada Líneas de fuga.
Te escucho de regreso del trabajo y se me ocurrió escribirte porque, para ser honestos, o más bien conscientes, las revistas independientes no tienen muchos foros de difusión y desde luego menos compradores. Por esto, te quería preguntar cómo le podría hacer para anunciar la revista (y por ahí nuestras actividades) en tu programa. Supongo que tendría que hablar con el programador; pero no entiendo mucho de radio entonces preferí preguntarte a tí.
No sé si, por favor, por favor (sí, es una súplica!!!) nos podrías echar la mano o al menos dar algunas pistas.
A todo esto, me llamo Adriana Romero-Nieto, y me encuentras en los teléfonos: 52 11 44 46 y en el mail: contacto_casarefugio@yahoo.com.mx
Gracias adelantadas!!!!
Post a Comment