
+ No deja aún de parecerme insólito que mi mente recree con mayor disposición el reciente viaje al Encuentro de Escritores en Orizaba, Ver; que la verdaderamente excepcional travesía a la sexagésima primera edición del Festival de Cannes. Todavía existimos los supersticiosos que dudamos de la pasmosa verosimilitud de la crónica; de como un montón errado y exacto de palabras puede echar abajo la mejor ficción.
+ Leí uno nuevo. Que mueran los gachupines vendrá contenido en mi siguiente libro:
Todas las argentinas de mi calle. A la gente le pareció una porquería, pero me encanta repetir la palabra verga en público más de siete veces seguidas.
+ Durante el viaje me alejé por completo de las sustancias perniciosas (todos sabemos que la marihuana no es una droga) pero acabé con una infección estomacal y la lengua negra. Ergo, las drogas me cuidan.
+ El equipo de fútbol de Orizaba se llama Los Albinegros de Orizaba y juega en segunda división. La peor pifia es que su archirival son Los Tiburones Rojos...de Córdoba.
+Descubrimos a la contraparte chayotera del Moye: el escultor y abogado Pedro Hernández Amador.
Entre sus frases célebres destacan:
"Es un enamorado de la verga" y "¿Apoco tu no
diableas?" (al preguntarle por los costos de luz en Orizaba
Un crack en todo el sentido
+ La fauna (edit) citadina es despreciable, inclúyome.
+ Mejor mote acuñado por Gilberto: "Mini Maná"
+ Momento del viaje: La paleta tutsi de un Joseba Buj desconocido para mí.
+ He de comentarles queridos lectores, que después de un vasto recorrido por las tienditas orizabeñas, concluyo en que es un lugar refundido en el pérfido vicio del crack. Largas filas de hombres y mujeres esperaban la mercancía como perros a sus dueños por las paupérrimas calles del Orizaba de las colinas.
+ Un taxista apodado "el Buki" bautizó la noche con un nombre: "Jessy".
+ El mejor lugar: La Doña, transgénica discoteca en tinte neón que albergaba una competencia preparatoriana de reinas de fin de curso y ofrecía lo más rayado de la música saico.
+El peor: Mi monacal cuarto de hotel con música incidental de llantas rechinando y bocinas necias.
Gracias a la gente de Orizaba, en especial a Jorge y Mario; nos la hemos pasado muy bien