Thursday, April 26, 2007

Suecia



El trago amargo del futuro recula en las charlas con malicia; y punza agudo invariablemente. Entonces pegas un trago hondo al vaso y todo queda en incertidumbre estática; de esa que suspira ojete en tu nuca abotagada mientras en la cabeza no hay espacio para más y el domingo se reduce al Acción #3400 y fracción y a la voz doblada de Robert Stack.

En un relato del escritor dominicano Frank Báez, un grupo de jóvenes flota en la intemperie a la que fueron expuestos. No queda de otra y tampoco hay mucho tiempo para sopesar rumbos distintos. "Cuando estábamos borrachos, bebíamos del pico de la botella. Hablabamos del futuro y lo esperábamos ávidamente como otros esperan una nave espacial que los ha de llevar lejos de este planeta." La nave se advierte a todas luces omnipresente. Podría estar en todos lados y nos han convencido de que alguna vez nos abducirá. ¿Nunca la han esperado hasta la mañana que entra?

Cuando los dramas propios de la adolescencia me achacaban con dureza, ninguna salida me parecía lo suficientemente ancha. Padecieron más los que me rodeaban a decir verdad, pero en el túnel oscurísimo de los primeros peñascos , la luz que se ve al final es un tren bala a toda velocidad. Lo único que había era regodearse en lo que habría de venir, en el páramo placentero de lo desconocido de cara a que sí, hijo, todo saldrá como lo tienes planeado.
Llegaba entonces el momento en que José, compañero a través de los años, y yo, buscábamos un boleto para subir a la nave que nos purificara.
No conozco Suecia pero siempre pensamos que allá todo sería diferente.
Tampoco es domingo pero en la tele dan un viejo episodio de Misterios sin Resolver.







Tuesday, April 17, 2007

¿Ha pensado en solicitar un crédito hipotecario, señor?



Las palabras me llegan como ganchos precisos y no puedo ordenarlas. Suceden ávidas de sangre, violentas; atraviesan paredes. Como no conozco otro modo de alzar la cresta, las palabras montan mis deseos a pelo. El ruido de los relojes se ha vuelto insoportable. Tic-tac-tuc, tic-tic-tic.

Es una flotilla de esos despertadores chinos que se consiguen afuera de cualquier estación de metro sobre mi buró. Los tengo porque alguien, no recuerdo quién, me metió la maravillosa idea de programarlos religiosamente con cinco minutos de diferencia para efectos de puntualidad; pero me están cagando cada vez mas. Cuando uno no tiene en la mente otra cosa más gratificante que permanecer a sus anchas desparramado sobre el lecho, ni todas las campanas del planeta consiguen la resurrección. Cada segundero va en caída libre y sus engranes no han llegado a un acuerdo jamás. Se fugan en solitario, cada uno tratando de imponerse al otro sin reparar en mis obsesiones.

La ventana del procesador de textos permanece absorta. Sólo el cursor parpadea y nada más. Las palabras se hacen con mi hígado en una licuadora sin orden ni castigo. Hubo sin embargo una época en que las cosas eran diferentes. Podía marcar los trazos a seguir en una hoja en blanco y de ahí, teclear con furia y oprimir los botones correctos sin chistar. Era yo un arquitecto en verso. Hasta gané un par de concursos y una beca del estado que me bebí completa.

Este año el Nóbel fue para un turco que donó su premio a la caridad como todos los demás. Siempre me he preguntado si realmente es un sentimiento altruista o simple coerción social. Si me lo dieran a mí, que se jodan todos, nos vamos a las Bahamas. Tal vez por eso los tipos como yo nunca ganan.

Tic-Tic-Tic-Silencio. Afuera en la calle insondable hay algo que aulla y no puedo distinguir si es un perro o un lobo. Me llega una agriedad soberbia desde mis sobacos. No hay nada que me importe menos en este momento que mi hedor, sobretodo porque caigo en cuenta de que uno de mis despertadores se ha detenido, el cursor en la pantalla de la computadora sigue palpitando; y porque se que las palabras siguen fraguando, alejadas y en silencio; el plan perfecto para nunca mas aparecer, convencerme de abandonar todo esto y meterme de cajero a un banco.
Rodrigo Márquez Tizano




Tuesday, April 10, 2007

Algunas balas perdidas



* Cada día hay más luz al empezar el programa. Paulatinamente esto ira cambiando, pero mientras tanto, me siento como un extraño en mi propia trinchera. No se puede desear mala suerte a nadie cuando todavía esta el cielo tan claro.

*Tengo una imperante personalidad adictiva, por eso no he vuelto a buscarla. Es la misma razón por la cual le tengo un gran respeto al ácido: Es un verdadero reto que otras fuerzas dictaminen tus latidos.

*El otro día fui a un bar de oficinistas yuppies y advenedizos trepas. A los diez minutos de haber llegado, me encontré encerrado en el baño. Eran cinco y me esperaban afuera. El personal de seguridad llegó justo cuando me sacudía el miembro enfrente del mingitorio. "Si sales te van a romper toda tu madre, güero"; me advirtió el encargado de repartir toallitas de papel junto a los lavabos mientras revolvía una charola medio vacía con monedas de a diez. Me busqué algo de plata en los bolsillos y aunque traía, hice como si no.
Me acusaban primero, de no haberle cedido el paso a una de las mujeres que los acompañaban y luego de haberla manoseado. La verdad es que solo estaban borrachos y querían pelear, lo cual es bastante normal. Que lástima que tengan que usar a sus mujeres como pretexto para iniciar una buena pelea.

*Mi oráculo tiene nombre: Norman Mailer. Su colección de aforismos y frases puntiagudas para cada ocasión le dan una plusvalía titánica a mi ya chamuscado repertorio de pretextos. También es cierto que encontré un par de libros sin traducción al español que me tienen ido. Lorrie Moore, Tobias Wolff, Faulkner. Belleza.

*Si pudiera cresumirme todo de un putazo, utilizaría la palabra "inconcluso" para el bautizo. Tengo una cantidad impresionante de cuentos a medio escribir, canciones a medio componer, relaciones a medio terminar y vicios a medio dejar. Soy el mejor dejando las cosas a medias.

*Al final me hice de un iPod. No es esnobismo ni presunción porque si no, seguiría utilizando solo viniles. Al contrario. Estoy harto de escuchar música de otros en los viajes largos.

*Mi hermano orina rojo, pero esa no debería ser su mayor preocupación. El rojo es un color bonito.

*El otro día una ex-amante le pidió a un escritor amigo mío un último halago, como quien se despide en la última cena. El muy farsante solo le dijo: "pechos grandes flamígeros, imponentes, un remolino por esa espalda en empalizada celeste de pecas como soles, arrogante, piernas firmes, esculpidas, balanceadas. Pero el inicio de todo esta tras tu oreja". Ella sonrió y dijo: Te equivocaste de espalda.
Ni hablar. Tres de cada cinco espaldas que valen la pena llevan pecas.

*Hace un par de semanas me asaltaron cerca de Nonoalco, por Eje 2 Norte. El tipo que me cortó cartucho en la sien llevaba una playera amarilla y azul con el número 10 y el apellido Blanco a la espalda. Estoy seguro de que si hicieran una encuesta, cuatro de cada cinco asaltantes le iría al América.
Como pueden ver, me encantan las estadísticas.