Tuesday, March 20, 2007

A la hoguera



He decepcionado a muchos en muchas ocasiones y de maneras muy distintas. Me sucede todo el tiempo. Pidiéndolo o no, la gente pone sus canicas en mí esperando un resultado favorable que siempre es muy ambiguo. Igual no es algo que les beneficie concretamente, pero la imagen que uno proyecta a los demás suele necesitar de un sustento que muy pocas veces se alcanza.
Solo es cuestión de crear un vínculo, el que sea, para que una parte de ti ya le pertenezca a otro y a sus expectativas vagas. La gente siempre espera cosas de la gente, y el estar conciente de esta situación no aligera la carga ni mucho menos.
Lo que otros esperan nunca está empatado con las secuelas reales y suele emparentarse más bien con lo cáustico. Mis acciones casi siempre son corrosivas para los anhelos ajenos.

Contundente. ¿Eres lo que esperaban de ti tus padres? ¿Has cumplido con las expectativas que se crearon cuando apareciste en un ultrasonido? Porque no es que nazcas y a ver que carajos sucede; los padres fantasean con futuros imaginarios para sus hijos que casi siempre son como un epitafio por adelantado. El simple hecho de buscar un nombre ya te predispone a cumplir cometidos impuestos. Roberto como su tío. María Elena en honor a su abuelita. La vara comparativa se alza desde el instante en que alguien te imagina.
¿Cuantos incautos nacen sin saber que están predestinados a ser abogados por coerción tradicional, tal como el padre, el abuelo y el bisabuelo? ¿Cuantos de estos últimos no habrán de descorazonar al patriarcado cuando resulte que prefirieron estudiar artes plásticas, fumen mota y salgan del clóset?

Mi madre esperaba una niña y sin pedirlo salí yo. Tomaba clases de corte y tenía un montón de vestiditos a la española que tuvo que regalar a sus amigas fertilizadas. Mi nacimiento fue tan ridículo que cuando ella estaba en el hospital en trabajos de parto, mi padre le prometió un auto convertible del año si daba a luz a una niña de ojos azules.
En serio.

Desde ese momento y sin poder hacer nada al respecto, fue totalmente imposible cubrir la cuota que se me impuso. La primera decepción que le dí a mi padre no fue que me expulsaran de varios colegios, ni que consumiera drogas o que no estudiara para ingeniero y me caguen las turbinas, las fábricas y la mecánica en general. Lo primero que hice mal, mi pecado original, -por ponerle un título mamón-, fue no haber nacido siendo una niñita escandinava de escasa pero blonda cabellera y ojos como de zafiro. Por supuesto la culpa no fue de mi padre que es más mexicano que la tortilla; sino de mi madre y su herencia andaluza mestiza; y claro, mía, por no haber desafiado las leyes de la genética al momento de venir al mundo.

Una noche ansiosa hace no tanto, mientras escuchaba un disco viejo de Paulinho Da Viola y leía algunos relatos de Richard Ford en la tranquilidad de mi habitación, comencé a hurgar mis cajones sin buscar nada en especial. Entre mil pendejadas de las cuales aún no se porque no me he deshecho, encontré un cuaderno de dedicatorias que esta adornado con una fotografía de Manolete pegándole un natural a un berrendo en la cubierta. Mientras husmeaba en su contenido y me afligía profundamente por los errores ortográficos de mis compañeros de preparatoria; caí en cuenta de todas las expectativas que he derrumbado y también, de la facilidad que tienes para escribir vituperios disfrazados de estimulantes cuando tienes 17 años. "Tienes una capasidad enorme, aprovechala y ojalá que triunfes. Tienes la capasidad para ser alguien, no lo desperdisies"

Igual yo también estoy de la chingada y mi expectativa de que la persona que escribió esas líneas por escribir cualquier cosa hubiera aprendido al fin que capacidad se escribe con C, tampoco se cumplió. Tal vez siga creyendo que lo capaz va con S y radica en cuanto dinero tienes o en si conoces a los que salen en la tele o apareces en ella. Yo también, sin reflexionarlo a cada momento, espero cosas de la gente.
Mi ex novia de esas épocas se embarazó de un mequetrefe en cuanto terminamos y a mi parecer, su vida es una porquería. Quizá así sea, si ella está de acuerdo conmigo; pero si en su mundo y su sendero la realización la ha obtenido criando a sus hijas y viviendo con su marido; entonces soy un imbécil igual que los que se preguntan por qué trabajo en una estación de radio que nadie escucha y no soy locutor de Alfa.

He decepcionado a tantas personas que ni siquiera podría llevar una cuenta aproximada.
La mejor parte es que a pesar de todo esto, conforme avanza el tiempo me doy cuenta de que estoy haciendo lo correcto con mi vida. Utilizar el término correcto implica también conocer en que radica lo incorrecto, pero a decir verdad no tengo ni puta idea. Lo que si se es que aunque más adelante todo se venga abajo, no voy a poder utilizar la sencilla excusa de culpar a los demás porque todo lo he decidido yo.

Con permiso, ahora voy a vomitar.
Literalmente.

Monday, March 05, 2007

De gallos, chivos y pericos

por Rodrigo Márquez Tizano




Navegando por internet me encuentro con cantidades industriales de foros dedicados a la memoria del malogrado Valentín Elizalde, quién fue ejecutado en Reynosa al término de un concierto. Algunos meses antes ya circulaba por la red un video con imágenes gore, donde miembros de Los Zetas (sicarios al servicio del Cartel del Golfo) eran asesinados y mutilados. Este numerito digital, montado por algunos simpatizantes del Chapo Guzmán y el Cartel de Sinaloa, fue musicalizado con la canción “A Mis Enemigos”, interpretada por Elizalde, “El Gallo de Oro”, lo que presuntamente le costó la vida en la ciudad Tamaulipeca, uno de los brazos más temibles de los del Golfo. De los 67 impactos de bala calibre 38. que se encontraron en la “troca” del cantante sinaloense , 28 horadaron su cuerpo.

Antiguamente los heraldos eran aquellos encargados de transmitir las noticias a los monarcas y regidores. No existía tregua alguna. Si las nuevas eran de mal fario, el emisario era liquidado inmediatamente. Luego, los bardos y juglares eran premiados por componer, memorizar e interpretar las gestas de los héroes locales y por representar la realidad social de un modo lúdico y artístico. La tradición oral naciente del romance español floreció con más ahínco en nuestra tierra y el corrido surgió como el madrigal descendente de esta disciplina épica-narrativa. De las actividades ilícitas del siglo pasado quizá las que más polémica e hipocresía genera, es el narcotráfico; por lo tanto la gresca autoral se ha tornado hacia estos acontecimientos. Las realidades avanzan pero el fondo permanece, tanto que aún se alaban las actividades delictivas como un espejeo del inconciente colectivo en represión; de un pasado revolucionario con caballos y rifles a cuernos de chivo y suburbans doradas.
Es así como el narcocorrido se convierte en un remolino de temas por encargo, con el cometido preciso de humillar a los rivales de quien paga al artista para que enaltezca sus hazañas.
Otros músicos populares como Los Razos, Julio Preciado o Los Tucanes de Tijuana han recibido amenazas y la familia Elizalde al fin ha decidido abandonar el género del narcocorrido y las canciones violentas para evitar mas decesos.

Las historias de estos Mercurios de la paca y el contrabando no parecen tan localistas después de todo. La costumbre de amarrar trifulcas y solucionar cuentas pendientes por medio de la música es una cuestión a la que estamos acostumbrados. Sonoridad aparte, la criminalidad generada en el norte de México se hermana a los estruendos de las comunidades raperas de las Costas Este Y Oeste en los Estados Unidos. Los asesinatos de Notorius B.I.G. y Tupac Shakur son los dos casos más conocidos de esta rivalidad que ha cobrado muchas víctimas. Los paralelismos son sorprendentes y el riesgo de contagio de un modus vivendi de lujos, dinero fácil, autos blindados y soberbia respaldada por mucha plata y poder es muy alto.

Actualmente solo basta encender el televisor o la radio para escuchar montones de propaganda política contra el narcotráfico. El presidente trata de unir al pueblo disfrazándose de chiva para luego aparecer a cuadro vestido de verde militar declarándole la guerra al narco, apremiando operativos a Michoacán para quemar sustancias ilegales, desmantelar laboratorios y capturar capos.
La realidad está muy alejada de lo que los medios nos muestran. El traficante ofrece una imagen siempre de buen tipo para los suyos; es caritativo, construye casas, otorga protección. Surge así, entre la gente, la idea de que después de todo, el traficante no es un delincuente al que se debería denunciar; porque un capo, con su propios recursos, hace lo que muchos políticos y gobernantes no pueden hacer: Ofrece opciones laborales y financieras.
Mientras tanto el resto de la población sigue separada en dos bandos, como la Costa Este y Oeste, como Los del Golfo y Los de Sinaloa; solo que somos más numerosos y pasivos a la hora de violentar.
Mientras observo su autopsia en You Tube imagino a Valentín rimar desde un lugar innombrable: “Calderón, ¿Que vas a hacer?”