Monday, March 27, 2006

Confesiones de un chango pone-rolas (Parte 1)



Al cuarto para las doce decidí que era tiempo de enfilar la aguja.
Puedo afirmar que no a todo mundo le gusta la música que pongo, es más, me atrevo a centrarlo: Solo mediante el efectismo de embrutecedores varios la gente se inflama con algo de rockabilly-garage salvaje. Es por eso que siempre llevo, dentro de mi reserva especial algún disco de emergencia, llámese Franz Ferdinand o The Rapture, infalibles crowd pleasers, para el fatídico día en que la turba enardecida comience a pitarle a Sonny Burgess. No ha llegado hasta ahora ese tiempo, pero llegará.

En mi defensa he de aclarar que mi set, al igual que mi olfato, es moldeable.
Puede abarcar desde el swing mas cavernario hasta el post-punk mas necio, pasando por el acordeón místico del Flaco Jiménez o la voz siempre atenuante de Jarvis Cocker. Da igual. Lo importante es sentir la pulsación en el momento adecuedo, tener cierta noción de la velocidad y no ser arrítmico, por lo demás, todo es intuición y gusto. Ah, si, y el líbido. Nada como ver a una chica ye-ye agitando estruendosamente sus elipses frente a mis ojos. Y para eso necesitas tacto.

Cruzando palabras alguna vez con Uriel Waizel, justo después de que presentó un desafortunado pero digno set de regaetton underground en el Centro Cultural España, surgió la teoría de que la gente va a las fiestas para compartir un momento brevísimo de reconocimiento entre sí. Al verte reflejado en el otro y ver la boca de alguien cantando lo mismo que tu, el sentimiento de unidad crece.
Concuerdo en parte; Existe como siempre la gran masa que espera el preciso instante para dar rienda suelta a la catarsis semanal y destrampar la energía acumulada coreando los versos que signifiquen algo bien personal para cada individuo. Aunque también, de paso, existen las personas que están aguardando toda la noche para escuchar algo que les vuele la cabeza, algo que no han presenciado nunca antes, y que a partir de esa noche, comenzará a formar parte de su disco duro. Ese es mi target, tras los platos (o decks) y tras el micrófono.

El que no arriesga no gana. Y cada día el iPod se traga al tibio. No tiene sentido contratar a un pinchadiscos que no raya fuera de lo común o de lo que un shuffle conectado a un mixer puede ofrecer, por lo menos para mí. Habría que ser un cazador y no un mero espectador del ambiente musical. Habría que hacer sonar un MC5 por cada Libertine o un Pop Group por cada Interpol, por lo menos. Pero no, a a la mayoría les da pavor salirse un poquito del esquema, cruzar la línea, y entonces para mí toda su pinta insufrible de alternativos hype se ve reducida a cenizas. Prefiero mil y una veces escuchar al disímil DJ Vallarta con su repertorio de Salsa y Norteño, que escuchar el mismo "indie" de todos los pone rolas y de todas las noches. A esos si deberían cobrarles derechos de autor. Hay que complacer al público, sí, pero nunca darles el culo tan facilmente.Igual que con las mujeres, el cliché del tío ebrio congalero: Ni todo el amor, ni todo el dinero.

Dentro del anecdotario voy a resaltar una ocasión en la que fuí requerido para mezclar en el Cluv del norte y por una noche, todos los pijillos uniformados de polo rosa y zapato puntiagudo de piel blanco me prestaron sus virginales oídos para hacerlos hombrecitos. Que deleite sincronizar "I Was a Teenage Werewolf" con el hielo seco mamón que sueltan en ese lugar. Me pedían Maria Daniela, la aflojé, pero también les dí Chico y Chica. La antítesis del lelo Dr. Simi. Lo mismo pero más caro. Mi teoría de la similitud comprobada. Ajá.
Hace poco compartí mi historia con el DJ residente del Cluv (que a pesar de eso es un gran amigo mío) y no creía lo que oía. Me imagino que se le hizo agua la boca y de puro gusto el siguiente fin de semana de que le conté esto, por cada 5 Belanovas hizo sonar un Air. Mínimo.

Era Sábado. Llegué al Pasagüero tomado y con ganas de tomar más. Esperaba a alguien. Me encontré con amigos, viejos y nuevos. El día anterior Aguamala Sound System se presentó en una fiestesota de la colonia Roma que terminó en tragedia por caprichos de la compañía de luz y los diablitos jodidos que nos mantenían sonando. Gracias a Baco el Pasagüero no tiene deudas con la delegación Cuauhtémoc. Una rubia fabulosa pasó junto a mí y me olió a vodka. Casi se me olvida que estaba esperando a alguien. En ese momento Baxter le daba play a los Dandy Warhols. Tiene buen dedo. Pedí el fuerte en la barra y no reparé en terceros. Me dirigí a la consola.
Supe en ese momento que le hacían falta unas cuantas olas al lugar.
Eran cuarto para las doce y Link Wray llegó surfeando un tsunami hasta el Centro Histórico.


En la siguiente entrega: Yo no les digo que alcohol pedir, ni como tienen que bailar (entonces no me digan que canción poner) ó porqué me irrita que me jodan mientras hago mis labores mecánicas.

Friday, March 24, 2006

O Aguamala Where are Thou?!

Thursday, March 16, 2006

Soft Core en Megapantalla


Mas allá de sedientos egos y protagonismos, existe una pauta que este súper grupo de Vancouver sigue a la perfección: El Pop.
A partir de esta estructura The New Pornographers ha sublimado el género a través de tres discos, y no estaría mal decirlo, ha puesto este método musical bajo los reflectores una vez más, entre tanto farsante adicto al falso falsete y hordas de rock pop genérico y aburrido.
Los pornógrafos cuentan además con una formación envidiable que recolecta los talentos mas disímiles y puntiagudos de la geografía norteamericana y canadiense: Desde la americana trastornada y torcida de Dan Bejar, pasando por el terciopelo alt-country que exhala la voz de Neko Case, y las piezas de museo que atraviesan la mente de A.C. Newman; Este colectivo ha logrado, a pesar de las fuertes individualidades que lo componen, tener cohesión e impacto grupal.
A primera vista esto podría parecer lo adecuado y el anhelo de cualquier melófago, la unidad de las partes exactas para crear así un todo maravilloso.
Es aquí cuando el equilibrio nos traiciona.
La vena grupal esta tan a flote y buscan a tal grado una democracia musical que en Twin Cinema los New Pornographers se olvidan algunas veces de brillar en solitario. El pop compuesto por Newman (diez de los trece tracks que componen este disco) es tan arreglado y tan barroco en ocasiones que no deja espacio para la aportación individual ni para la improvisación de algún miembro puntero.
Todos funcionan correctamente, los engranes armónicos avanzan a la perfección.A.C. sin embargo anda en plan de maestro. Después de un esfuerzo solista (The Slow Wonder, Matador 2004) apabullante y concretísimo, se le escucha mas maduro en esa composición que sigue siendo tan efectista como siempre. El líder de Zumpano trae consigo aires de Syd Barret, Brian Wilson y en sus estribillos pop más fuertes no podemos dejar de pensar en el Grant Lee Phillips más juguetón y lúcido. Neko Case también es cosa aparte.
Ese folk fuera de lo común y esa voz que en mas de una ocasión recuerda a una Loretta Lynn moderna, cumple a la perfección su rol en el álbum, aunque no podría dejar de negar que en ocasiones podría aparecer más deslumbrante y tomar la batuta pendiente, que en la ejecución parece estar sublimada. Porque insistiendo, en la composición existe una hegemonía afable que convierte a Newman en el proyeccionista de un filme ameno, lleno de luz, unificador de los logros mas diversos del género en un misil bien dirigido y que aún sin presentar esos cambios drásticos y filosos que The New Pornographers nos hacían intuir en Electric Version (Matador, 2003), conserva el gancho exacto y evoluciona en enjambre con cada acorde.

Quizá los Pornographers no hagan música tan hype como el otro colectivo canadiense con el que podría surgir una comparación: The Broken Social Scene. Tal vez no lo han hecho y puede ser que nunca lo hagan. Sin embargo olfateo que eso a Newman y compañía le importa poco. Ellos se conforman con esparcir odas caseras tan elaboradas de las que los demás comenzarán a hablar y a imponer calificativos múltiples.

Tizano

A propósito del extracto...
(Originalmente publicado en Círculo Mixup, Enero´06)

Tuesday, March 14, 2006

Honeycomb - Frank Black



Frank Black
Honeycomb
Back Porch, 2005

Esta es la historia vaquera de un eterno inconforme, que a pesar de haber reconstruido a una de las bandas más trascendentes de finales de los ochenta, se toma cuatro días de vacaciones en Nashville para grabar con ídolos de leyenda un capricho transformado en pieza de museo. Nombres como Steve Cropper, Spooner Oldham, Reggie Young, y Anton Fig, podrían sonar totalmente ajenos a aquellos adentrados en la cultura indie, sin embargo su vestigio se ve capitalizado en grabaciones de figuras como Neil Young, Johnny Cash, Elvis Presley o Miles Davis.
Frank Black ha llegado al punto donde puede darse el lujo de hacer lo que le venga en gana. Y lo sabe. No obstante la ruta de la Americana no es algo nuevo para el esquizofrénico compositor.
El sonido árido y oxidado conseguido con The Catholics en sus últimos discos se ve materializado completamente en éste álbum agridulce de merenderos de paso, ex esposas, e historias del camino, que es su primer pistoletazo en solitario desde el menospreciado Cult of Ray (American, 96'). Olviden todo lo que saben de "Pixies Clear Water Revisited". Conozcan al Frank Black íntimo y desmesurado con aromas de Wilson Ticket y Jackson Browne mientras recorren la carretera.
O el periférico.

Tizano

(Homenaje recóndito a mi personal y no tan oculto culto a Pixies, cuya presentación en el FIB 06 espero con ansias)

Thursday, March 09, 2006

Apologías de un junkie


Doherty se concentra y es shamán dentro del culto ceremonial a la aguja de nuestro tiempo.
Sin embargo no está solo. Toda una generación le corteja.
Habría que calentar el metal a punto de burbuja mientras que por sus ojos en blanco se proyecta la historia de un Londres de raíz, comprendido de lleno solo por aquellos jóvenes estancados que han depositado la totalidad de su conciencia en la masa.

De pronto surge uno como ellos. Un hooligan descarriado y borracho como cualquier aficionado frenético del Liverpool. Un punk de rompe y rasga cuya vida entera transcurre al borde del moshpit: golpear y ser golpeado. Un muchacho más comiendo fish & fries e introduciendo mierda en su torrente sanguíneo a costa del UB40. Un no future viendo la vida pasar por lo alto en el patio trasero de un multifamiliar de Albion.

No ha sido el primero, es verdad.
Una larga lista de nombres encabezan la pirámide de la decadencia. El mito freudiano del rockstar. El perfecto arquetipo del antihéroe tomado de la mano con el Sid menos adoctrinado.
Pete Doherty ha hecho todo lo que una celebridad de tabloide puede hacer. En la actualidad es la cara más reconocida de las revistas de cotilleo musical y su adicción a los estupefacientes le ha llevado a ser considerado un sociópata peligroso, o de menos un junkie sin remedio. Fue él quien auspicio la desgracia mediática de su esquelética novia Kate Moss, y también fue el culpable de haber irrumpido en la casa de su ex compañero de banda Carl Barat para robar artículos varios. Para recapitular, la relación amor-odio entre Barat y Doherty es equidistante a cualquier noviazgo riot, con escenitas de celos, golpizas y lagrimas incluídas. No lo vuelvo a hacer cariño, te lo prometo.
Periodos prolongados de supuesta desintoxicación relegaron a Pete de los escenarios, principal razón del divorcio de una de las agrupaciones más prometedoras de la escena hype británica en los últimos años: The Libertines.
Obsesionado con la música y con la premisa de redimir su oscilante carrera del limbo, el frontman viajó a un templo budista en Tailandia con la sincera intención de limpiarse, sin embargo en su regreso a las coloridas calles de Camden Town fue arrestado de nuevo por posesión ilegal de narcóticos. Te juro que no lo vuelvo a hacer. Ahora si.
Borrón y cuenta nueva.
Bienvenidos los Babyshambles.

Aunque la caótica vida de Doherty es la crème brûlée de todos los carroñeros oportunistas ávidos por mercar con sus historias, paradójicamente la infame trayectoria del líder de los Babyshambles ha sido una de las principales contribuyentes al culto adolescente del que goza. El morbo vende.
Es por eso que la crítica recibe con los brazos abiertos Down in Albion el último esfuerzo de este nuevo icono del escándalo bajo el sello de Rough Trade.
No obstante sería ridículo fijar los reflectores únicamente en el aspecto impúdico obvio de los Shambles. Pete Doherty es un compositor de primera mano, cargado de autenticidad y una personalidad que si bien no es única, acarrea los suficientes elementos para ser la punta de lanza de una prole sin ídolos. El toque mórbido y las constantes referencias a trivialidades específicas, drogas fuertes y sexo desenfrenado otorgan cierto dejo de legitimidad a la música que continua en esa línea que impulsó la aparición de la fiebre The en los albores del nuevo milenio. Cierto es también que The Babyshambles no han sido los únicos ni los pioneros en forjar sus letras con estos temas que ya comienzan a ser clichés de la modernidad, pero alguien tiene que tomar la batuta. Y Doherty tiene esa sinfónica bien montada.

El recorrido obligado por los 63 minutos del incipiente álbum abandona al escucha en un terreno a desnivel. Encontramos huellas inequívocas y sorpresivas de freakbeat y northern soul en temas como “La Belle Et La Bete” (donde la huesuda novia supermodelo hace coros) o la lazarina “Back from the dead”. Permanecen de igual modo intactas las aproximaciones a Nick Lowe, The Clash y The Jam en las sobresalientes “Killimanjiro” y “8 Dead Boys”; lástima que el acercamiento con The Ruts no haya sido tan científico como se esperaba en pistas que tratan de alejarse un poco del esquema previamente delimitado por el libertino y que intentan guarecerse en la tendencia del jah.
Lo verdaderamente interesante en Down In Albion es el reto que este disco representa para el propio Doherty. Podría traducirse como una prueba. Y es que Pete compite contra su propia decadencia, su propia fama, su propio Barat, y su propia inteligencia. Es un reto directo, uno a uno. Ha llegado el momento de que Pete Doherty demuestre si realmente posee el don de creador, o simplemente tiene una irrefutable fascinación por la destrucción. De todos modos si esto segundo ocurre y sin temor a equivocarme, la indulgencia pública hacia la imagen del artista torturado logrará darle una nueva oportunidad.
Es en serio. Te juro que no lo vuelvo a hacer.

Rodrigo Márquez "Tizano"

Escrito publicado en la revista Círculo, Marzo 2006

Monday, March 06, 2006

VI

UN ALIENTO INTERVENIDO
entre la enredadera,
oculta,
melocinética;
Que cierne esos tentáculos grises
bajo nuestras sábanas cansadas.
Sirvo el café,
derramo solo algunos
verbos rupestres,
sampleos
de las noches
de las ánimas vacías.
Esta costa brava
a la orilla de la cabecera
con torrente de tabaco,
y narices incestuosas,
arrasa Shangai
embravecida,
y cólera en boca sigue
hasta la petit morte
descifrada
en códigos binarios.
Que angustia tan incierta
esa de Roberspierre.
Habrá de salir
El Sol,
dos meses antes.
En el año de la Mantis Religiosa.

Wednesday, March 01, 2006

Un día sin Moog


La palabra "imprescindible" atraviesa fugaz y de fondo por el campo de las ideas. Hay que acostumbrarse al término, porque, lo siento muchacho, en esta vida cada vez más cosas parecen serlo.
Desde el horno de microondas hasta la televisión vía satélite el hombre es poseído por sus pertenencias y sus constructos. Triste, pero cierto. Por lo tanto, cada vez es más difícil imaginar este mundo sin Google Earth, sin DVD o sin pantallas de plasma. Sin embargo, existen pequeños y gloriosos detalles que de igual modo son ineludibles, aunque menos pomposos.
Un día sin Moog. Una vida sin Moog.

No concibo una realidad alterna donde Jean-Jacques Perrey no pudiera volcar el índigo lunar en el barril del Chavo del Ocho; ¿mantendría Wendy Carlos su virilidad de no haber sido infectado/a por el amistoso y análogo virus del Moogie?, ¿la Novena de Ludwig hubiera sido procesada para ambientar las sádicas golpizas del Moloko o las claves extraterrestres de Encuentros cercanos?, ¿qué tal las "Palomitas de maíz"? ¿El space age pop hubiera sido tan espacial sin los "sintes" de Bob?, ¿los New Romantics tan new?, ¿la Arkestra de Sun-Ra sería lo suficientemente solar sin el Mini?, ¿hubiera sido Les Baxter capaz de concebir la exótica modular sin ese invento que revolucionó los 70?

Ya existían los sintetizadores, clamarán los ingenuos... entonces... ¿en qué consiste la magia de Robert Moog?... en que logró convertir una ENIAC en una Palm.
Así de fácil.
Tomó a Leon Theremin y le puso filtros. Rescató la Musiqué Concrete y transformó sus percepciones. Vibración a distorsión.
Controló el sonido, y lo modificó a su gusto. Todo de la mano del ingeniero físico que logró lo que nadie había conseguido: popularizar la música elitista a niveles masivos.
Los inicios de la música electrónica se remontan a mucho antes de lo que se suele creer. Concretamente, hay que situarse en las postrimerías del siglo XIX, cuando se crearon, de manera casi invisible para el público, extraños instrumentos musicales parcialmente eléctricos, como el clavicémbalo eléctrico, los pianos electromagnéticos o el arco cantante. Las referencias que se conservan son escasas, dado que tales inventos no recibieron por parte de la sociedad una atención mayor que la de inútiles inventos dignos de feria.
La música electrónica llegaba simplemente a oídos de unos cuantos adinerados vía telefónica, gracias a Thaddeus Cahill y su Telearmonio.
Fue así como un neoyorquino enamorado de la acústica y los cables, despojó, cual Prometeo, a los Jorgs Mager y científicos sofisticados del tesoro que mantenían en secreto y se lo entregó en bandeja de plata a Florian Schneider y compañía.
¡He ahí el verdadero legado de Bob Moog! Más allá de tecnicismos y descubrimientos, fue él quién logró convertir lo electrónico en humano al acercar y facilitar sus sesudas revelaciones al resto del globo. Pero Bob se ha ido. Por lo menos su cuerpo.
Camilo Lara me confesó hace un par de días que, al morir, le encantaría aspirar al cielo del Moog.
Supongo que ahí estará Robert y puedo asegurar que en estos momentos está quebrándose la cabeza tratando de modular la forma de onda de las nubes.
Descansa en paz Robert Moog (1934-2005).
No dudes que muchos te buscaremos por allá arriba cuando nos toque apagar los osciladores.

Texto publicado en El Universal unos días después de la muerte de Bob Moog.
Ayer ví el documental. Vaya nostalgía.
T.